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El consumismo hoy

El fenómeno del consumismo  crece a lo largo del siglo XX. Se consume para satisfacer una necesidad del tipo que sea, aunque el significado de necesidad básica ha cambiado: ya no compramos sólo aquello que necesitamos, sino lo que la moda y la oferta ofrece. El consumo en sí mismo no es malo, pues no es un acto irreflexivo y compulsivo, permite placer y mejora las nino13.jpgcondiciones materiales de vida.
El consumo ha sido confundido con el consumismo, siendo cosas muy diferentes: el consumismo es el acto desenfrenado y desmesurado de comprar con el fin de llenar un vacío emocional o espiritual. El gran triunfo del consumismo es hacer creer a las personas que lo material les da la felicidad.

Los niños y jóvenes son grandes consumidores y un blanco  de la publicidad, pues  gastan su dinero  e influyen en el consumo de sus padres. Los niños son complacidos en sus demandas por la creencia que se tiene del “cómo no voy a dar si yo tengo”. Pero, los padres no debieran dar todo,  porque se debe enseñar que en la vida no se puede tener todo. El problema se agrava si tenemos en cuenta que vivimos inmersos en una cultura en que requerimos satisfacción inmediata sin postergación.  Un niño que nunca recibe un “no” de sus padres, desarrollará una baja tolerancia a la frustración, lo que más adelante puede dar lugar a debilidad, inmadurez, violencia y conductas adictivas. El “no” de los padres frustra, pero también organiza y traza límites.

Las reglas del consumo y la publicidad conocen y explotan las características de los más jóvenes: cambian la necesidad del ser, por la del tener, la aceptación al grupo es entendida como capacidad de poseer, el grupo se identifica con los objetos de moda.

El medio más eficaz de combatir el consumismo es la prevención, entendida como un proceso continuado de orientación educativa, que debe comenzar ya en la primera infancia.
Las estrategias básicas que debemos aplicar se pueden agrupar en tres bloques:
1-Estimular la capacidad de crear, de utilizar las cosas como un medio y no como un fin: dejar que los niños tengan “carencias materiales”, “momentos de aburrimiento”. Analizar con los niños y jóvenes sus necesidades reales y prioritarias, la utilidad y el valor real de las cosas, acompañarlos en las decisiones para neutralizar la presión de los medios de comunicación (comentar los anuncios de la TV en familia).
2-Fomentar el trabajo: desde  pequeño, el niño debe saber que el dinero se gana trabajando y no sale “mágicamente” del cajero. Se debe establecer una paga, hacerle responsable de su uso y ser firme en los términos pactados. No se deben premiar con dinero (sí con palabras) las acciones que de todos modos debería hacer (tareas del colegio, asearse, recoger). Sin embargo sí se le debe dar la oportunidad de obtener dinero “extra” con trabajos que representan un esfuerzo o una responsabilidad especial (lavar el coche, regar las plantas).
3-Estimular el ahorro: prohibir los gastos indiscriminados en chucherías,etc., procurando que el dinero no se gaste inmediatamente. De todas formas, permita a los niños equivocarse, es fundamental que tengan claro que si gastan más de la cuenta usted no les dará más dinero hasta la próxima paga. Los préstamos deben ser la excepción y por supuesto deben ser devueltos en los términos y el tiempo que usted imponga. Un excelente método para fomentar el ahorro y hacer más accesible las metas que se han propuesto (ese juguete especial) es establecer campañas de ahorro tipo “1+1”: por cada $ que él ahorre, usted pone otro, doblando así el esfuerzo que él hace. No olvide que usted es el modelo que ellos tenderán a seguir, para bien o para mal, durante su propia vida adulta. Saque ventaja de esta influencia y regale a sus hijos una conducta responsable y una conciencia clara de lo que significa el dinero, el trabajo y la felicidad.

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