sagradoweb June 16th, 2007
Dispone el corazón desde la mañana para el encuentro…
Serena el interior para olvidarte de ti mismo y recibir a Jesús que te espera …
Renuncia a la propia espectativa de la reunión para que lo único que espere sea encontrarte con Tu Señor (Ap 3, 20) que quiere entrar en “tu casa “ y “cenar” contigo…
Organiza tus haceres para que nada te quite el privilegio de recibir al hermano y lavarle los pies (Jn 13,17).
Vigila ante la presencia del mal (1 Pe 5, 8-9) que te quiere arrebatar la reunión y lo hace tocando tu sentir más superficial (cargas, personales, imprevistos, la mirada que tienes de la reunión o de los hermanos), para llevarte a la queja, al enojo, a la oposición, a la exigencia, para que te paralice y divida.
Levanta el corazón a Dios recibiéndolo como Salvador y Señor de tu vida (Fil 2, 11).
Pon la mirada en Jesús, no en “tu” oración, ni en “tu” estado interior, ni en “tu” deseo, ni en “tus” problemas, porque es así como el Señor te transforma porque es Quien libera y sana, dándote el gozo de vivir (Ap 21,4).
Reconoce este tiempo como un signo de la providencia de Dios Padre para ti, ya que aquí recibes todo lo que necesitas para ser su discípulo.
Abre tu corazón a la sorpresa del Espíritu que oye el clamor de su Pueblo y se mueve con libertad derramando nuevos dones y carismas (Gal 5,16) y te impulsa a vivir la santidad.
Ensancha el interior para abandonarte a la comunión de los corazones para que al irte te sientas misteriosamente uno con los otros (Jn 17,21).
Golpea a la puerta del corazón de Dios para ir a hablarle de algún hermano, para que lo abrace y lo recueste sobre su pecho (Ef 6,18b).
Póstrate ante Jesús Crucificado en tus debilidades y pobrezas, descubriendo que tu vocación más honda es ser “alabanza de su Gloria” (Ef 1, 12).
Mira al cielo y contemplar el Rostro Amado, violentando tus labios para que comiencen a musitar una alabanza… hasta que el dique se rompa y se desborde la adoración y la glorificación.
Ten la audacia y la valentía de vencer sobre el cansancio, las emociones y las inhibiciones para romper el “vaso” de los perfumes (Jn 12,3) de las expresiones más amorosas y afectivas frente a la misericordia y la ternura de Jesús.
Levanta los brazos (Sal 63,5) alabando a Dios porque es el Todopoderoso, el Camino de tu vida, la Verdad suprema, la Vida Nueva y eterna, la Luz que te ilumina, el Buen Pastor que te guía, el Pan que te alimenta, el Agua Viva que no se agota, Tu Roca de Seguridad, el principio y fin de todo, el sentido de tu vida,…